24 de julio de 2009

LA VENUS DEL ESPEJO: "EL IRRESISTIBLE OBJETO DEL DESEO"

Venus del espejo, Diego Velázquez. National Gallery de Londres


"- Píntame, retrátame
como soy realmente o como tú
quisieras realmente que yo fuese.

Mírame, aquí modelo sometido,
sobre un punto, esperando que me fijes.
Soy un espejo en busca de otro espejo"

Velázquez, R. Alberti

Este cuadro del gran pintor español del Barroco, Diego Velázquez, datado entre 1648 y 1651 , recrea una temática mitológica vinculada a la pintura italiana ( veneciana del siglo XV).En él se representa a una hermosa mujer desnuda de espaldas ,una Venus ( la Afrodita griega, "Afrodita kallipygos", "de Bellas Nalgas"), diosa clásica de la belleza, del amor y la fertilidad, una diosa-mujer recostada sobre un rico lecho protegido por una cortina carmesí, contemplando su rostro en un espejo sostenido por Cupido, su hijo, también dios del amor:
"...En la concha de la cama / desnuda de flor y brisa/ surgía en la luz perenne" F.G. Lorca.
Múltiples son las sensaciones que produce la mirada detenida de la Venus del espejo, la más inmediata es la captación de la eternidad del instante, de la fugacidad de la vida en algo tan cotidiano como contemplarse en el espejo donde no se refleja esa belleza sensual existente en las líneas luminosas de su cuerpo.El espejo nos devuelve una imagen paradójica de la realidad: un borroso rostro, casi vulgar,separado del resto del cuerpo por el marco de ébano y apenas perceptible,claro ejemplo de "manchas distantes" características de los retratos de Velázquez. Así, el pintor logra transmitirnos su interpretación de la realidad, la "unidad vivencial de un sentido interno" (Maravall) pero nos deja totalmente perplejos.
¿Qué hay al otro lado del espejo? ¿Qué mirada nos contempla? Acaso sea solo la recreación del tópico de la caducidad de la vida y la belleza engañosa tan del gusto barroco o el repetido tema de apariencia frente a realidad, o las impresiones subjetivas sobre una mujer concreta. Seguramente, mucho más, porque" la realidad se diferencia del mito en que no está nunca acabada" (Ortega y Gasset).


Hace apenas unos días pude contemplar la Venus del espejo en la National Gallery de Londres en la sala dedicada a los pintores españoles y allí, un poco perdida entre la penumbra del espacio, tras el frío cristal que la protege, sentí el misterio que emana de su Belleza (el "terrible don de la belleza"), una belleza inquietante producida por la unión de contrarios:
"... El siglo barroco expresa una belleza que está, por así decir, más allá del bien y del mal. Puede expresar lo bello a través de lo feo, lo verdadero a través de lo falso, la vida a través de la muerte... La Belleza inmóvil e inanimada del modelo clásico es sustituida por una belleza dramáticamente tensa...,en la Venus está en el rostro deformado" (Historia de la Belleza, Umberto Eco).



1 Comentarios:

Padín dijo...

Os neoplatónicos veneraban o amor, pois é a forza conectiva do Universo. E non só o di Platón, senón José Luís Perales, (non esquezamos! "Te quiero, te quiero, como la Tierra al Sol"... o platonismo peraliano quizais merecería un post). Velázquez fai deste cadro un manifiesto neoplatónico: Venus, deusa do amor, representa a beleza ideal, da cal nos, mortais, só podemos apreciar un borroso reflexo. Pero tamén fai unha reflexión reivindicativa sobre a arte pictórica que, como o espello, ten como cometido achegarnos á beleza. Velazquez fai filosofía cos pinceis.
Un saúdo!

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